domingo, 13 de agosto de 2023

AUDIENCIAS SIN ENGAÑO CIUDADANÍA VERAZ DEMOCRACIA LEGÍTIMA

* Formación ciudadana para la democracia legítima destierra para siempre todo intento de engaño mediático.

* No más vulneración e irrespeto inaceptable del periodismo industrial a la gente con actos de manipulación, desinformación. 


El sesgo editorial de los más ruidosos amplificadores del poder desinformador en Colombia los ha convertido en los mayores vulneradores del derecho fundamental que debe garantizar la libertad de conciencia. La agenda de la endogamia mediática y su periodismo industrial obediente a las manías y necesidades del poder en la conversación pública de ese círculo que atesta el bochorno psiquiatrico de las redes sociales y medios del ecosistema digital contaminados por ése relato, está impuesta por habilidosos instrumentistas de la estrategia editorial para confundir y desinformar con fines particulares. La gente está a la deriva en su toma de decisiones donde no hay formación ni criterio para filtrar y depurar las avalanchas de ruido que caen desde la desinformación estratégica. Cumbres contra la desinformación reúnen a actores comunicólogos del proceso, pero igual el ciudadano de a pie en amplia extensión del territorio y sus capas sociales con mayor vulnerabilidad camina a tientas sin instrumentos guía. 

Cada nuevo colombiano desde inicio de aprendizaje para una sociedad infoxicada, ahogada en la distracción confusión, debe conocer que la brújula para guiar su vida por el camino de la igualdad se llama el derecho a la información, efectivo, real garantía plena de conciencia libre sin interferencias ni manchas en su entendimiento en la toma de decisiones no manipuladas. Sólo así es posible una democracia legítima por voluntad irrefutable de ciudadanos libres. Ése es el peso de la decisión que cada ejercicio electoral debe tener cuando la gente por cuenta propia ha aprendido a no tragar entero, no comer cuento, no dejarse confundir ni manipular por todo el ruido pagado por miles de millones en campañas con promesas y engaños por miedo y odio. De ése tamaño es el pendiente que pesa sobre quienes juraron no engañar a la gente que siguen contra toda evidencia en las mismas malas prácticas rutinarias que se repiten en sus escándalos repetidos igual.  

Como en la pandemia del covid y todas las plagas vividas, el agente vector permanente de transmisión de todo el virus desinformador por emociones fáciles de disparar es el ciudadano irresponsable contaminante. Ahora con mayor alcance y amplitud de onda expansiva los desinformadores, pastorcitos mentirosos que existieron siempre en las comunidades y poblaciones siguen imponiendo sus efectos para mover miedos, pánicos, polarizaciones, emociones primarias todo el tiempo. La pandemia se controla cuando el ciudadano potencial vehículo de transporte del virus aplica y blinda su integridad con todos los protocolos de seguridad e inmunidad con las vacunas. En cada mente que decide y elige, los procesos de democracia electoral como los  comicios locales en octubre próximo no pueden permitir un carnaval de engaños, manipulación y desinformación para confundir a quienes entregan lo público, los electores, en manos de operadores, empleados manipuladores del Estado local y territorial, que se proclaman dueños del feudo certificado con una credencial.


El reto insoslayable, ineludible del periodismo leal, responsable con respeto por su función servicio público, es servir contenidos veraces verificables para decisiones limpias de la ciudadanía donde quiera que exista democracia veraz, legítima, sin distorsiones ni engaños. El derecho a la información es un bien público, es una garantía individual que sólo es posible si cada ciudadano, cada joven, cada niño, desde inicio de su autodeterminación lo reconoce, comprende y aplica con total conciencia sin permitir ser vulnerado. Así como cada persona desde la infancia aprende a proteger su integridad física e impedir abusos y maltratos que no pueden ser permitidos, en igual y mayor dimensión debe aprender a proteger su integridad cognitiva, de conciencia libre, autónoma, que no puede ser vulnerada ni violada con engaños ni mentiras. La persona desde el momento en que comienza a negarse a ser engañada comienza a ser libre. 

La cultura de dignidad, conciencia, derechos reales, comienza con la autodeterminación de la conciencia plena en ejercicio inalienable y leal del sagrado derecho a la información que hoy no es reconocido ni comprendido, mucho menos defendido en su inviolabilidad por la mayoría de la gente. Pareciera como si al contrario y en contra suya cada quien practicara un falso permiso o licencia para ser engañado, manipulado, timado. Como aquel personaje de caricatura televisiva, "tontoniel" que va clamando a todo el que aparece que por favor la tumbe y lo burle. Existe una especie o suerte de "patología" mental entre la masa de una fascinación por el engaño, la mentira, el comer cuento. Ese es el negocio de los depredadores de lo público y los derechos de las personas que son utilizados como instrumentos de todo esto que pasa.   

Ser humano que no se gobierna con decisiones limpias y autónomas en su integridad, no sirve para ejercer ciudadanía donde se toman desde el fuero individual a conciencia decisiones que en suma terminan siendo destino colectivo para después lamentarse de la realidad impuesta. Todos, nadie exento, tenemos la responsabilidad de formarnos con solidez en la gobernanza autónoma del derecho a la información como actores relevantes con incidencia en nuestro entorno. Seguir ignorando este principio nos mantendrá dónde estamos. 

Emprender desde una plataforma editorial que trabaja día a día por fortalecer una conversación pública leal, sin engaño, un proceso formador con fogueo constante de audiencias con fundamento sólido en pensamiento crítico es un propósito que nos sintoniza desde este tiempo. Iniciamos aquí una conversación afirmativa que hace posible potenciar capacidad de análisis de contenidos, argumentos e ideas en interacción con acceso efectivo en la diversidad de audiencias. 

La forma de blindar una democracia legítima  con suficientes anticuerpos inmunológicos contra el engaño es sintonizar a la gente, los nuevos con el ejercicio pleno del derecho a la información con pleno conocimiento y comprensión que nutren de manera potable fidedigna una conciencia inviolable cero vulnerable al engaño. 

Escrito por Hernando Ayala M Periodista Mail disnnet@gmail.com 



miércoles, 2 de agosto de 2023

🌐 SI NO ENTIENDES, ¿CÓMO PUEDES APRENDER? ♟️

La utopía de una sociedad para todos, libre, con equidad y goce efectivo de derechos para toda la diversidad humana, sin exclusión ni discriminación, tendría su punto de partida real con el cumplimiento del derecho a la educación para todos los seres humanos. Ese principio universal se materializa en la existencia de una escuela abierta y adaptada a la diversidad de formas de aprendizaje en un ciclo de educación para todos. Nadie atrás, nadie por fuera.

Hasta este enfoque con sus metodologías, instrumentos y ajustes razonables individualizados ha evolucionado en teoría, conocimiento, norma, el derecho a la Educación Inclusiva donde nadie puede estar impedido para acceder y realizar este paso imprescindible de desarrollo humano y social.

La escuela para todos en este avance hasta el cual han caminado sociedades con mayores índices de capital humano, con población más educada, como Finlandia, Canadá, referentes en educación inclusiva, la que «adapta y abraza a todas y todos los estudiantes, se adecúa a sus necesidades y contextos como el económico, orientación sexual, género, étnica, lingüística, toda la diversidad», según expresa Carlos Vargas-Tamez, jefe de la unidad de desarrollo docente de la oficina regional de Educación para América Latina y el Caribe de UNESCO.

La prueba de fuego de la educación inclusiva fundamentada en una ética de diversidad y pensamiento universal para el aprendizaje y enseñanza, está en la inclusión real de los estudiantes con discapacidad. Nadie sabe cuántos colombianos con discapacidad están en edad escolar y deberían participar de una educación inclusiva que garantice el goce efectivo de este derecho para romper su exclusión social.

Las proyecciones estimadas con base en indicadores internacionales hacen pensar que no menos de quinientos mil colombianos con discapacidad están en edad escolar y en su mayoría no tienen acceso a una educación que haga posible su desarrollo humano. Según las cifras técnicas oficiales DANE, tres millones de colombianos reportaron discapacidad en el último censo. El mismo gobierno a través de sus voceros habla de no menos de seis millones de colombianos en esta realidad de vida. La proyección de observadores indica que cuatro de cada cinco colombianos con discapacidad no han realizado su derecho a la educación.

Es en este foco poblacional donde surge la pregunta si es real la educación inclusiva en Colombia, que abarca a toda la diversidad humana de una sociedad desigual, inequitativa, excluyente y segregadora que vive en la pobreza de llegar a ser la sociedad más educada de suramérica en el año 2025, sin ser reconocida aún en el mundo como si lo es Chile, como uno de los Estados con norma efectiva de educación inclusiva. Han transcurrido 72 meses de promulgado el Decreto 1421 de agosto 27 de 2017 que establece la ruta con lineamientos precisos para implementar el derecho a la educación inclusiva para los colombianos con discapacidad y nadie tiene la respuesta sobre cómo y dónde vamos hoy en el desafío de alcanzar la cobertura total con calidad plena de derecho a la educación para todos en esta dimensión de la diversidad humana colombiana.

Está en discusión un proyecto legislativo que busca el cambio en la estructura del servicio público para realizar el derecho a la educación de todos los colombianos y en ese marco deben quedar sentadas las bases de una educación inclusiva con accesibilidad universal que no deje atrás ni por fuera a los colombianos con discapacidad que en vano vieron anuncios no cumplidos sobre este derecho en los recientes seis años del promocionado decreto 1421 que sigue moviendo todo tipo de intereses y actividades, menos la educación inclusiva real para la mayoría de la población con discapacidad en edad escolar. La norma tiene que ser ajustada a esta realidad. 


«Si no entiendes, ¿cómo puedes aprender?”, es el título del informe presentado en 2020 por la UNESCO, Naciones Unidas para la Educación, Ciencia y Cultura, que da cuenta cómo cuarenta de cada cien estudiantes en el mundo no logran aprender porque estudian en idioma diferente al materno, una segunda lengua. Es el caso de la educación no bilingüe para colombianos sordos. Otra proyección indica que por cada cien estudiantes de familia con solvencia económica en el mundo hay dieciocho estudiantes en la línea de pobreza, allí donde vive la mayoría de los mil cien millones de seres humanos con discapacidad.

Parados en Latinoamérica y en el foco colombiano, la pregunta no tiene una respuesta contundente y nítida. Hay educación inclusiva en teoría, estudiada, formulada, hablada y escrita en la norma, pero la mayoría de las personas en su diversidad y en grupos poblacionales como en discapacidad, no la conocen, no la han vivido, no tienen acceso. Al formular la pregunta a los educadores o a las familias, la respuesta es similar. Si llegamos a la gestión de las políticas públicas en la materia y la ejecución de los recursos dispuestos en planes de desarrollo para el cumplimiento de este derecho, el diagnóstico es más pesimista aún.

Hay avances y hay casos focales de educación inclusiva efectiva, puntos positivos que se localizan en el mapa generalizado de la exclusión educativa en una sociedad con crisis social y humanitaria donde la juventud, doce millones de colombianos en edad escolar, no pasan como debe ser por el proceso educativo, desertan en gran número antes de llegar a la educación superior, terminan profesionalización muy pocos y los profesionales graduados están excluidos de las oportunidades en gran medida. Así ¿tiene futuro y oportunidades una sociedad focalizada en el conflicto y la confrontación para alcanzar equidad y soporte de paz verdadera? La pregunta queda ahí flotando para que cada uno la afronte en su contexto y entorno, pero ante todo en su conciencia. ¿Cómo hacemos educación inclusiva real en una escuela para todos que nos permita evolucionar?

Escrito por Hernando Ayala M. Periodista   *  Mail  disnnet@gmail.com